El eclipse solar total del 12 de agosto convierte a León en escenario de una cita científica para estudiar las tormentas solares y anticipar sus efectos sobre la tecnología
El día que el cielo se oscureció en León para mirar lo que el Sol esconde
El eclipse solar total del 12 de agosto convierte a León en escenario de una cita científica para estudiar las tormentas solares y anticipar sus efectos sobre la tecnología
No todos los eclipses son iguales. El que este 12 de agosto ha atravesado España ha ofrecido unos minutos de oscuridad en pleno día, pero también ha permitido a la comunidad científica aprovechar una de las pocas ocasiones en las que el resplandor del Sol deja de ocultar su atmósfera exterior.
En León, donde la Agencia Espacial Europea (ESA), la Universidad de León y el Ayuntamiento habían establecido uno de los principales puntos de seguimiento del fenómeno, la cita reunió a más de 14.000 personas. La multitud esperaba el momento de la totalidad mientras los investigadores aprovechaban el mismo instante para observar el comportamiento de la corona solar.
La importancia científica del fenómeno está precisamente en lo que deja de verse. Al quedar tapado el disco solar, la corona aparece con mucha mayor claridad y permite estudiar procesos relacionados con la actividad magnética del Sol.
El origen de un problema que puede llegar a la Tierra
La corona no es una zona estática. En ella se producen algunos de los procesos que están detrás del viento solar y de las grandes expulsiones de partículas que, en determinadas circunstancias, pueden acabar afectando a nuestro planeta.
Rocío Guerra, investigadora de la ESA, explica que el Sol está atravesado por campos magnéticos extremadamente potentes. Cuando estos acumulan tensión y liberan energía, pueden producir violentas emisiones de materia que viajan por el espacio a velocidades enormes.
El interés de los científicos no se limita a comprender cómo funciona nuestra estrella. También existe una cuestión práctica: saber con mayor precisión cuándo una de estas emisiones puede representar un problema para la Tierra.
Una tormenta solar intensa puede alterar las comunicaciones, interferir en los sistemas de navegación y afectar al funcionamiento de los satélites. En situaciones especialmente severas, incluso las redes eléctricas pueden sufrir las consecuencias.
La historia ya ha dejado ejemplos de lo que puede ocurrir. El conocido evento Carrington del siglo XIX mostró el alcance que puede tener una tormenta geomagnética excepcional, mientras que en 1989 una tormenta provocó un apagón de gran escala en Quebec.
Por eso, observar la corona durante un eclipse no es simplemente una cuestión de contemplar una imagen espectacular. También supone estudiar una parte del Sol que resulta fundamental para conocer y vigilar el llamado clima espacial.
De la corona del Sol a los confines de las galaxias
La jornada de León ha servido además para acercar al público otro de los grandes proyectos espaciales en los que España tendrá un papel protagonista.
Se trata de Arrakihs, una misión de la ESA cuyo lanzamiento está previsto para 2030 y que buscará respuestas sobre la materia oscura y sobre la manera en que se construyen y evolucionan las galaxias.
Carlos Corral, miembro de la Agencia Espacial Europea, ha subrayado que el proyecto representa un momento especialmente relevante para la investigación española, ya que España liderará por primera vez una misión científica de la ESA.
El propósito de Arrakihs será observar zonas extremadamente débiles de las galaxias, mucho más difíciles de detectar que sus regiones centrales. Allí pueden encontrarse estructuras que contienen información clave sobre la distribución de la materia oscura.
Aunque no puede observarse directamente, la materia oscura deja una huella gravitatoria decisiva: contribuye a mantener cohesionadas las galaxias y condiciona su evolución. Detectar las estructuras que genera a su alrededor puede ayudar a entender mejor cómo se ha construido el universo que conocemos.
Una imagen que duró minutos, una investigación que continuará años
En León, la ciencia y el espectáculo terminaron coincidiendo en el mismo momento.
Primero llegó la expectación. Después, la luz comenzó a desaparecer hasta que la Luna cubrió completamente el Sol. Durante unos minutos, el día se convirtió en noche y miles de personas pudieron contemplar la corona solar.
Los aplausos acompañaron el regreso de la luz.
Para quienes estaban allí, el recuerdo será el de un fenómeno excepcional. Para los investigadores, en cambio, el eclipse representa una oportunidad más dentro de una investigación mucho más amplia: entender mejor la estrella de la que depende la vida en la Tierra y, al mismo tiempo, descifrar qué ocurre en las regiones más difíciles de observar del universo.
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