Botines, último 'Gaudí del noroeste', se une al centenario

La casa-dragón de 365 ventanas en la que el arquitecto catalán jugó con el misticismo

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Botines, último 'Gaudí del noroeste', se une al centenario
José María Viejo, el director general de la Fundación Obra Social Castilla y León (Fundos) que gestiona el Museo Casa Botines, durante una entrevista con EFE en León. EFE/ J. Casares
Thais Lozano / EFE
Lectura estimada: 3 min.

La genialidad de Antonio Gaudí no entendía de geografía y aunque Barcelona acapara los focos del centenario de su fallecimiento, existe un 'Gaudí del noroeste' que reclama su propio lugar en este 2026 con edificios como Casa Botines, en León, la última de sus tres construcciones fuera de Cataluña en la que el arquitecto cambió el dorado del Mediterráneo por el gris de la piedra caliza.

Casa Botines es uno de los ejemplos de la destreza del arquitecto catalán para combinar la pureza de la luz con las oscuridad de las leyendas y el misterio. Es una casa-dragón con 365 ventanas para permitir que la luz entrase todos los días del año en la que, a la vez, jugó con el misticismo en varios de sus rincones.

Así lo ha explicado en una entrevista con EFE José María Viejo, el director general de la Fundación Obra Social Castilla y León (Fundos) que gestiona el Museo Casa Botines.

A punto de que se celebre el centenario de la muerte de Antoni Gaudí el 10 de junio, Casa Botines reivindica un lugar propio dentro de esa conmemoración en la que ya lleva trabajando años con la rehabilitación exterior ya completada y la interior en proceso.

Esas obras en su interior buscan transformar Casa Botines en un museo más sostenible, accesible e innovador, además de consolidar una exposición permanente que se inaugurará el 25 de junio coincidiendo no solo con el centenario de su fallecimiento, sino también con la fecha del cumpleaños de su creador.

Una obra imprescindible

Un creador que en León desplegó "toda su inventiva y su creatividad", además de una gran habilidad para resolver los retos que le planteó este encargo: construir su primera casa de vecinos sin dejar de ser fiel a su estilo de mezclar funcionalidad y simbología.

"Es una obra imprescindible para entender a Gaudí. Esta casa fue su laboratorio. En su construcción salió de su zona de confort y se adaptó a construir en un territorio con condiciones muy diferentes a las que estaba acostumbrado", ha agregado.

Casa Botines, ha proseguido, "es una obra manifiesto". "Gaudí hizo que esta casa brotara del suelo, de un terreno pantanoso similar a la ciénaga en la que vivía el dragón de 'La Leyenda Dorada' de Santiago de Vorágine en Silca (Libia) y construyó así su propia casa del dragón que levantó, además, en apenas diez meses".

Gaudí, el dragón y la cápsula del tiempo

El dragón le sirvió a Gaudí para dos cosas: para conectar esta última construcción que levantó en la otra punta del país con el catalán San Jordi, personaje que protagoniza la fachada de Botines, en la que aparece clavándole una lanza al animal, y para jugar con el tiempo y la historia.

Precisamente en la panza del dragón el genio de Reus escondió los planos originales del edificio y un periódico de la época en una especie de cápsula del tiempo.

"Gaudí construyó esa escultura en piedra caliza sabiendo perfectamente que ese material no soportaría el paso del tiempo y que se acabaría encontrando todo lo que escondió allí para documentar las obras. Su creatividad es inagotable", ha destacado Viejo.

Casa Botines fue almacén de telas, casa de vecinos y una de las sedes de la antigua Caja España, usos todos que impidieron al público general acceder a su interior desde su construcción en 1892 hasta 2017, cuando el edificio se transforma en museo para permitir que cualquier persona pueda disfrutar de una construcción en la que Gaudí desplegó todo su ingenio. 

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