Las fallas dormidas que despertaron bajo la montaña leonesa y elevaron el terreno 280 metros
Un estudio descubre que antiguas fracturas geológicas volvieron a moverse y aceleraron la formación de los valles de la zona
El paisaje de la montaña leonesa esconde una historia geológica mucho más reciente de lo que podría parecer. Bajo sus valles y paredes rocosas permanecen las huellas de movimientos tectónicos que comenzaron hace cientos de millones de años y que, contra lo que se creía, volvieron a producirse en tiempos relativamente recientes. Una investigación liderada por las universidades de León y Cantabria ha descubierto que dos antiguas fallas geológicas se reactivaron durante los últimos 500.000 años y contribuyeron a elevar el terreno en la cabecera del río Curueño.
La prueba estaba escondida en el interior de la cueva de Llamazares, donde los investigadores han localizado y estudiado sedimentos depositados por el antiguo curso del río hace aproximadamente medio millón de años. Aquellos materiales permiten reconstruir cómo era el relieve de la zona y calcular cuánto ha cambiado desde entonces.
En aquella época, el Curueño discurría a una altitud similar a la que hoy se encuentra la cavidad. Desde entonces, el terreno ha ido elevándose mientras el agua erosionaba la roca y profundizaba el cauce. El resultado es que actualmente el río circula unos 280 metros por debajo de la cueva.
Este proceso, conocido como encajamiento fluvial, ha avanzado a una velocidad estimada de entre 0,5 y 0,6 milímetros al año. Aunque pueda parecer una cifra pequeña, mantenida durante miles de generaciones ha sido suficiente para transformar por completo el paisaje y contribuir a crear los profundos valles y desfiladeros de esta parte de la Cordillera Cantábrica, entre ellos las conocidas hoces de Valdeteja.
Fallas de hace 330 millones de años que volvieron a moverse
La investigación apunta a que la erosión del río no explica por sí sola la rapidez con la que se ha formado este relieve. Los científicos han identificado dos fallas originadas hace unos 330 millones de años, durante etapas geológicas muy anteriores a la formación de la actual Cordillera Cantábrica, que habrían vuelto a experimentar movimientos durante el último medio millón de años.
Estas fracturas ya habían tenido actividad durante la formación de la cordillera, un proceso que se desarrolló principalmente entre hace 80 y 30 millones de años por la colisión de las placas tectónicas ibérica y europea. Aunque aquella etapa terminó hace millones de años, los nuevos datos indican que las fallas próximas a Llamazares no permanecieron inactivas para siempre. Su reactivación habría provocado desplazamientos de varias decenas de metros y, en algunos casos, de unos pocos cientos. Ese movimiento elevó localmente el terreno y favoreció que el Curueño profundizara su cauce a un ritmo superior al registrado en otros sectores de la cuenca del Duero.
La investigadora Esperanza Fernández explica que, durante este último medio millón de años, el río ha excavado su valle unos 280 metros, a un ritmo aproximado de medio milímetro anual. Una velocidad que atribuye, en parte, a la actividad reciente de estas fallas. Los resultados acaban de publicarse en la revista científica Quaternary Science Reviews, en un artículo liderado por el doctor Daniel Ballesteros, y aportan nuevas evidencias sobre la evolución reciente del relieve de la Cordillera Cantábrica.
Llamazares, la cueva datada más antigua de León
El descubrimiento también sitúa a la cueva de Llamazares en un lugar destacado dentro del patrimonio geológico provincial. Según la Universidad de León, se trata de la cavidad con mayor antigüedad datada de la provincia, con al menos 500.000 años de historia. Los investigadores advierten, no obstante, de que podrían existir otras cuevas situadas a mayor altura sobre los valles que fueran todavía más antiguas. Por ahora, no hay dataciones que permitan confirmar esa posibilidad.
El interés de Llamazares va mucho más allá de su formación geológica. Trabajos anteriores del mismo equipo permitieron localizar restos de grandes animales, entre ellos osos pardos, rebecos y caballos salvajes, que habitaron la zona hace entre 9.000 y 2.000 años. Las investigaciones continúan para conocer cómo fue cambiando la presencia de seres humanos y animales en la cavidad y qué transformaciones experimentaron los ecosistemas de esta zona montañosa durante los últimos 10.000 años.
Proyecto para reconstruir la historia de las cuevas leonesas
El trabajo forma parte del proyecto Frontera Cantábrica, financiado por la Fundación Patrimonio Natural y desarrollado con la colaboración de la Universidad de León, el Servicio Territorial de Medio Ambiente de León y el Grupo de Intervenciones en Altura (GRIA) de la Junta de Castilla y León. La iniciativa está codirigida por la doctora Esperanza Fernández, investigadora del área de Paleontología de la Universidad de León, y el doctor Darío Fidalgo, del Museo de Ciencias Naturales de Berlín.
Su objetivo es profundizar en el estudio de las cavidades de la provincia para reconstruir la evolución geológica, ambiental, faunística y humana de la Cordillera Cantábrica.








