El fuego dejó señales, pero no un daño generalizado: León mantiene bajo vigilancia sus acuíferos

La CHD analiza nueve puntos de control tras los incendios de 2025 y continuará las campañas para comprobar si las variaciones detectadas desaparecen

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El fuego dejó señales, pero no un daño generalizado: León mantiene bajo vigilancia sus acuíferos
Incendio de San Cipriano del Condado. (Foto: Ical)
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 4 min.

Los grandes incendios que afectaron a la provincia de León en 2025 dejaron más de 36.000 hectáreas afectadas, pero, por el momento, no existe evidencia de que hayan provocado un deterioro generalizado de las aguas subterráneas.

Así lo concluye el último seguimiento realizado por la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), que ha analizado la evolución de distintos manantiales, pozos y sondeos de la provincia. El organismo ha detectado algunas variaciones puntuales en determinados lugares, aunque los datos disponibles no permiten relacionarlas de forma directa con los incendios ni hablar de una alteración homogénea y duradera de los acuíferos.

La conclusión, sin embargo, no supone el final de la vigilancia. La CHD mantendrá los controles durante los próximos años, especialmente después de los periodos de lluvias, para comprobar cómo evolucionan los parámetros detectados.

El efecto del fuego puede tardar años en llegar al subsuelo

Una de las principales dificultades para evaluar las consecuencias de un incendio en las aguas subterráneas es que sus efectos no tienen por qué aparecer de forma inmediata.

Tras un gran incendio, las cenizas y otros materiales depositados sobre el terreno pueden ser arrastrados por el agua de lluvia hacia el interior del suelo. Ese recorrido depende de las características geológicas de cada zona y puede durar desde semanas hasta varios años.

Por este motivo, la Confederación centra buena parte de sus análisis en los periodos de recarga, cuando las lluvias de otoño e invierno favorecen la infiltración del agua hacia los acuíferos.

Los últimos resultados analizados corresponden a campañas desarrolladas entre finales de 2024 y la primavera de 2026. Según la CHD, no se ha podido acreditar un deterioro del estado químico de las masas de agua estudiadas.

Nueve puntos bajo control en siete masas de agua

El seguimiento se está realizando en nueve puntos repartidos por diferentes zonas de la provincia. Los técnicos analizan manantiales, pozos, sondeos y piezómetros pertenecientes a siete masas de agua subterránea.

Entre las áreas estudiadas se encuentran La Tercia-Mampodre-Riaño, La Babia-Luna, el Terciario Detrítico del Tuerto-Esla, el Terciario Detrítico del Esla-Cea, La Maragatería, Raña de la Bañeza y el Aluvial del Órbigo.

Para determinar si el fuego ha podido tener alguna incidencia, se comparan los resultados obtenidos antes y después de los incendios, tomando agosto de 2025 como referencia.

En la mayoría de los puntos, la composición habitual del agua se mantiene dentro de los márgenes de variación observados en los últimos controles. Las diferencias más llamativas se han registrado de forma aislada y no se han repetido de manera generalizada en las distintas zonas analizadas.

Riaño y Castrocalbón, los cambios más destacados

Entre los resultados revisados, la CHD señala un aumento temporal de la mineralización del agua en Riaño. Sin embargo, esa variación volvió a valores anteriores en la campaña realizada en marzo de 2026.

El caso más llamativo se produjo en Castrocalbón, donde se detectó en marzo de este año la variación hidroquímica más importante de todo el seguimiento. No obstante, se registró en una única campaña y después de un invierno especialmente húmedo, por lo que los técnicos consideran que también puede estar relacionada con los procesos naturales de recarga del acuífero.

Precisamente por este motivo, la Confederación considera necesario repetir los análisis. El objetivo será comprobar si estas alteraciones desaparecen, se mantienen con el paso del tiempo o responden simplemente a las características habituales de cada punto de control.

Dentro de este seguimiento también se han analizado los denominados hidrocarburos aromáticos policíclicos, conocidos como HAP. Son sustancias que pueden estar relacionadas con procesos de combustión y cuya presencia resulta especialmente interesante después de grandes incendios forestales.

Estos compuestos se han detectado en los nueve puntos analizados, aunque siempre en concentraciones muy bajas. La suma más elevada se registró en una muestra tomada en Miñambres de la Valduerna.

La principal limitación es que no existen análisis de HAP anteriores a los incendios de 2025. Esto significa que los datos actuales permiten conocer su presencia, pero no determinar si ya estaban en el agua antes del fuego o si sus concentraciones han aumentado posteriormente.

Los resultados obtenidos servirán ahora como referencia para las próximas campañas.

Los nitratos se mantienen por debajo del límite

Otro de los parámetros estudiados es el nivel de nitratos. En todos los puntos analizados, los valores se mantienen por debajo de la norma de calidad establecida en 50 miligramos por litro.

El valor más elevado se registró en Castrocalbón, con 14 miligramos por litro, una cifra todavía alejada del límite fijado.

Por ahora, el balance de la CHD es prudente: los incendios de 2025 no han dejado una alteración generalizada ni se ha demostrado un deterioro químico de las aguas subterráneas de León. Pero el organismo evita dar el asunto por cerrado.

La evolución del subsuelo es lenta y las lluvias pueden seguir trasladando hacia los acuíferos materiales procedentes de las zonas quemadas. Por eso, mientras la provincia afronta una nueva campaña de incendios en 2026, los efectos de los fuegos del pasado verano seguirán siendo objeto de vigilancia.

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