Castilla y León se encamina hacia un futuro en el que el agua será cada vez más escasa

El cambio climático aumentará la demanda de agua de la atmósfera y elevará las necesidades hídricas de los cultivos

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Castilla y León se encamina hacia un futuro en el que el agua será cada vez más escasa
Riego de cultivos. (Foto: Ical) | Foto: Ical
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 3 min.

El cambio climático no solo se mide en grados más en los termómetros. También puede observarse en la cantidad de agua que la atmósfera es capaz de reclamar al suelo y a la vegetación. Y en ese escenario, Castilla y León aparece entre las regiones de la Península Ibérica que afrontarán uno de los mayores incrementos de esa demanda de agua durante las próximas décadas.

Es la principal conclusión de un estudio internacional publicado esta semana en la revista científica Frontiers in Climate, en el que investigadores españoles, portugueses y alemanes han analizado cómo evolucionará la evapotranspiración potencial en España y Portugal a lo largo del siglo XXI.

Este indicador permite estimar cuánta agua podrían perder los suelos y las plantas hacia la atmósfera cuando las condiciones climáticas permiten que ese proceso se produzca. Dicho de una manera más sencilla, cuanto mayor sea la evapotranspiración potencial, mayor será la presión que el clima ejerza sobre las reservas de agua disponibles. Y el mapa que dibuja la investigación sitúa a buena parte del interior peninsular entre las zonas más expuestas.

Castilla y León comparte esta tendencia con Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid y el centro de Portugal. En todas estas áreas se prevé un incremento importante de la demanda evaporativa como consecuencia de unas temperaturas progresivamente más elevadas.

El escenario más extremo analizado por los investigadores, conocido como SSP5-8.5, plantea que amplias zonas del centro y sur peninsular podrían superar a finales de siglo los 1.600-1.700 milímetros anuales de evapotranspiración potencial.

Las cifras más elevadas se concentrarían en regiones como Andalucía, Extremadura, Murcia y Castilla-La Mancha. Sin embargo, Castilla y León destaca por otro motivo: su posición en la clasificación de presión climática aumenta de forma especialmente significativa a medida que avanza el calentamiento.

La comunidad parte de unas condiciones relativamente menos exigentes que las áreas más cálidas del sur, pero el incremento proyectado hace que gane posiciones entre las regiones con mayor demanda atmosférica de agua.

Más calor, más agua para los cultivos

La consecuencia no se queda en los mapas climáticos. Una atmósfera que demanda más agua puede traducirse directamente en una mayor necesidad de riego para mantener la productividad agrícola.

El estudio analiza específicamente el comportamiento futuro de tres cultivos permanentes muy extendidos en el ámbito mediterráneo: viñedo, olivar y frutales. En los tres casos, los investigadores observan un aumento generalizado de las necesidades hídricas.

Para Castilla y León, el viñedo adquiere especial relevancia. La comunidad cuenta con importantes zonas productoras vinculadas a denominaciones como Ribera del Duero, Rueda, Bierzo, Toro y Cigales, todas ellas asentadas en territorios donde las condiciones climáticas tienen una influencia decisiva sobre el cultivo y la calidad de la uva.

El aumento de las temperaturas puede modificar ese equilibrio. Si la atmósfera extrae más agua del sistema suelo-planta, los cultivos necesitarán disponer de mayores recursos para mantener su actividad durante los periodos de mayor demanda.

Obliga a cambiar la forma de cultivar

Los investigadores consideran que esta evolución hará necesario reforzar las medidas de adaptación de la agricultura mediterránea. Entre las estrategias planteadas figuran mejorar la eficiencia del riego, seleccionar variedades más resistentes al calor y la sequía y revisar la distribución de determinadas zonas de cultivo.

También será cada vez más importante planificar el agua teniendo en cuenta no solo las necesidades actuales, sino las condiciones climáticas que tendrán que afrontar los agricultores en las próximas décadas.

El problema, además, no quedará limitado a las zonas tradicionalmente más cálidas. El estudio apunta a que incluso territorios que actualmente presentan una demanda evaporativa menor experimentarán incrementos relevantes.

Ese cambio puede ser especialmente importante para Castilla y León. La comunidad no parte de los niveles de presión hídrica de algunas regiones del sur peninsular, pero el calentamiento previsto puede reducir progresivamente esa diferencia.

En la práctica, el mensaje del estudio es claro: el futuro agrícola de Castilla y León estará condicionado no solo por cuánta lluvia reciba la comunidad, sino también por cuánta agua sea capaz de reclamar una atmósfera cada vez más cálida.

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