01/02/2026
Fin de ciclo
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El encarcelamiento de Santos Cerdán ha hecho estallar por los aires el ya inestable equilibrio sobre el que se sostenía el Gobierno de Pedro Sánchez. La entrada en prisión del número tres del PSOE, mano derecha del presidente y negociador principal con los socios independentistas, supone un terremoto político cuyas consecuencias aún no alcanzamos a medir del todo. Pero una cosa está clara: el escenario ha cambiado radicalmente y el futuro del Ejecutivo pende ahora de un hilo.
La situación del PSOE es insostenible. La imagen de un dirigente socialista entre rejas, vinculado a tramas de corrupción, no sólo supone un golpe brutal a la credibilidad del partido, sino que dinamita la ya de por sí debilitada confianza de sus socios parlamentarios. ERC, Junts, Bildu, PNV y Sumar —todos ellos corresponsables de la investidura de Pedro Sánchez— deben ahora dar explicaciones sobre su respaldo a un Gobierno salpicado por la corrupción y cuya estabilidad se tambalea.
Las alternativas no son muchas, pero sí muy graves: elecciones anticipadas o una moción de censura. La oposición ya ha movido ficha, consciente de que se abre una ventana de oportunidad única para devolver la voz a los ciudadanos. Y no sin razón: la mayoría que permitió la investidura ha quedado deslegitimada a ojos de una gran parte de la sociedad. Si ya era una mayoría frágil y compleja, sustentada en cesiones permanentes y equilibrios imposibles, ahora se ha convertido en una carga tóxica para el PSOE.
Conviene recordar que fue Santos Cerdán quien orquestó los pactos con Puigdemont, quien justificó la amnistía y quien tejió las alianzas más polémicas de la legislatura. Su caída no es un hecho aislado: es la caída de toda una estrategia política. Y es también el reflejo de una deriva que ha ido alejando al PSOE de sus principios fundacionales y de la confianza de amplios sectores de la ciudadanía.
El país no puede permitirse seguir gobernado por un Ejecutivo en descomposición. La parálisis institucional, la falta de liderazgo y la pérdida de autoridad moral colocan a España en una situación de riesgo político. Es momento de asumir responsabilidades. Y eso pasa por devolver la palabra al pueblo o, como mínimo, por recomponer mayorías desde el Congreso de los Diputados.
Los partidos que sostienen al Gobierno no pueden mirar hacia otro lado. Si siguen apoyando a Pedro Sánchez, serán igualmente responsables de este descalabro. Y si optan por desmarcarse, deberán explicar por qué lo hicieron tan tarde.
España necesita claridad, firmeza y regeneración. Y eso ya no lo puede ofrecer este Gobierno.
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