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Leon

Soterramiento: cómo hacer hoy (y pagar) una inversión de los tiempos felices

EDITORIAL

La alternativa de túneles y pasarelas costará 460 millones. Quien se empeñe en el soterramiento original debe explicar cuál es su plan para pagar el doble.

Publicado el 11.02.2019

El soterramiento del acceso de la alta velocidad a algunas ciudades es un vestigio de la política con la que muchos ayuntamientos, pero también el Estado y las autonomías, abrazaron la religión de moda a principios de siglo, la de las inversiones faraónicas. Las respetables cifras (4.000 millones de euros) no asustaron, pero claro, estábamos en plena 'burbuja inmobiliaria' y todo era posible. El que no entrara, es que no tenía visión de futuro. Hoy, ese futuro son 7.600 millones de euros de déficit, créditos impagables, administraciones atrapadas, castillos en el aire y, ahora también, proclamas electorales.

 

Los que dibujaron ese futuro a golpe de millones nunca vieron que la fórmula, muy sencilla, llevaba a las arcas públicas directas a su mayor crisis. Se planteó financiar con venta de suelo y promoción de vivienda la llegada 'bajo palio' del AVE a muchas ciudades excavando grandes túneles. El objetivo era loable: conseguir que el icónico tren de altas prestaciones y sus complejas instalaciones no acabaran como trincheras ferroviarias partiendo ciudades. Pero los ingredientes eran los mismos que, años después, quedaron proscritos. Grandilocuencia, endeudamiento y la toxicidad de un mercado inmobiliario pervertido hasta el extremo de querer pagar inversiones vendiendo miles de pisos que nunca iban a tener propietario.

 

Casi nadie lo vio venir, cierto. Pero hoy, en 2019, todavía bajo las restricciones de la regla de gasto, pagando las consecuencias de aquella 'fiesta', sorprende que vuelvan a surgir en el PP quienes se empeñan en reclamar la vigencia de este dinosaurio de la inversión pública, un banquete de millones y millones fuera de su era. De nuevo, se hace bandera de que no solo es posible sino también necesario reclamar el soterramiento en estos días. El último ha sido el exalcalde de Valladolid, Javier León de la Riva.

 

Fue el autor de la idea, así que es normal que la defienda. Sin duda, evitar que la alta velocidad sea una barrera dentro de la propia ciudad es deseable. Pero tiene mucha letra pequeña que conviene leer antes de firmar 'en barbecho' por una obra que, ni empezada, ha tenido serias consecuencias para Valladolid. Que en León acabó con la disolución de la correspondiente sociedad. Y que en Palencia acumula un 29% de sobrecostes cuando ya se ha decidido cambiar de plan.

 

La integración de la alta velocidad en las 'ciudades AVE' de Castilla y León es necesaria, pero hay que poder pagarla. Y antes de reclamar su ejecución hay que saber que la vamos a pagar entre todos: cada euro saldrá de nuestros bolsillos y difícilmente el moribundo mercado inmobiliario ayudará. Bien lo sabe el exalcalde que, mientras en voz alta pide el soterramiento y critica la solución de pasarelas y túneles, reconoce que la crisis y decisiones desacertadas han terminado con el faraónico proyecto. 

 

En el debate soterramiento sí/no lo más sensato es hacer cuentas. A finales de 2016, según el Tribunal de Cuentas, de los 1.387,87 millones de euros que en dicha fecha se estimaba que habría costado el proyecto de soterramiento completo de Valladolid, quedaban pendientes de ejecución 833,12 millones. Ante esta situación, el órgano fiscalizador recomienda hacer en Valladolid lo que ya se hizo en León: disolver la sociedad, y el cambio de los convenios o renunciar al soterramiento como alternativas. La misma receta vale para Palencia y el resto de 'ciudades afectadas por el sueño del soterramiento'.

 

Valladolid (un poco menos Palencia) está demasiado atrapada en este asunto como para dar ahora marcha atrás, y el equipo de Gobierno municipal, junto a Adif y la Junta, han tenido que cambiar de planes en medio de las críticas. Vale la pena explicar las cifras de la decisión. Mantener el Plan Rogers con soterramiento completo de unos 5 kilómetros de largo habría tenido un coste estimado de 995 millones de euros frente a los 460 de la "integración permeable" por la que finalmente se optó.

 

La decisión está clara: un 'golpe' de mil millones o de la mitad. Todo, en dinero que no sale de los árboles sino de los impuestos de los ciudadanos. Una cifra que, lejos los tiempos del 'boom del ladrillo', intimida. Suficiente para repensar no ya si el soterramiento es algo irrenunciable, sino también para explicar cómo se paga semejante factura. Asumir el coste de túneles y pasarelas, que son una solución mucho peor, ya será difícil pero hay un plan para hacerlo. Quien se empeñe en el soterramiento original debe poner sobre la mesa el plan para pagar el doble.

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