Mañueco 'año cero': el vértigo del cambio de era

Alfonso Fernández Mañueco, en su toma de posesión como presidente de la Junta.

Si por algo ha destacado la Junta durante la era Herrera ha sido por su estabilidad. Claro que 18 años con un mismo 'jefe' hacen mucho, pero el ya expresidente era la piedra angular de ese rumbo tan determinado que ha guiado Castilla y León. Antes de Herrera, y con la excepción de Lucas, no hubo presidente sin su renuncia pero el burgalés fue el último en asumir el puesto a mitad del camino, y hasta hace unos días no ha dejado el timón. Incluso, contra todo pronóstico, ha completado los dos últimos ciclos electorales haciendo frente a una convulsa situación política y al desgaste del ejercicio del poder, casos de corrupción incluidos. Ni el último mandato ha perturbado el rumbo, bien fijado, de la administración regional.
 

Con Herrera, la Junta y su gobierno han sido una maquinaria bien engrasada, impecable (e implacable) las más de las veces. La cintura y la dialéctica del presidente, un orador sin parangón en la actualidad, y una plantilla de gestores de categoría (los De Santiago, Villanueva, Del Olmo, Carriedo, Cirac y hasta la 'díscola' Clemente) han formado un paquete sólido y fiable. Un gobierno cuajado. Ahora esa era toca a su fin.

 

La cintura y la dialéctica del presidente Herrera, un orador sin parangón en la actualidad, y una plantilla de gestores de categoría han formado un paquete sólido y fiable

 

El relevo ya se ha producido y, si se confirman rumores y confidencias, el engranaje de la Junta va a experimentar un cambio no visto hasta ahora, y eso es mucho para una administración acostumbrada al total continuismo, a no cambiar lo que va funcionando. El propio Herrera limitó al máximo sus cambios de gobierno y no ha habido revoluciones más que cuando las circunstancias lo han obligado.
 

Ahora, todo apunta a un gobierno casi al 100% inexperto en las lides ejecutivas. Si Suárez Quiñones, al que Cs no termina de tolerar, se queda fuera el único consejero con experiencia en ese nivel será Fernández Carriedo; y solo el propio presidente Mañueco podrá acreditar experiencia de gobierno en la Junta, tras su paso por presidencia y la consejería sin competencias de justicia. En los estratos inferiores, las direcciones generales, Cs no habla de cambios pero sí de examinar a cargos que, según su criterio, no lo hacen bien o están de sobra amortizados.

 

Los nombres que formen la primera alineación de gobierno y alta administración de este nuevo gobierno bicolor van a poner a prueba la solidez del esfuerzo empático que PP y Cs han hecho con sus dos líderes

 

Los nombres que formen la primera alineación de gobierno y alta administración de este nuevo gobierno bicolor van a poner a prueba la solidez del esfuerzo empático que PP y Cs han hecho con sus dos líderes. Lo que antes se ventilaba de puertas hacia adentro, y con mínimas tensiones, ahora es materia de negociación, y de las tiranteces inherentes.

 

Puede ser también el primero de los muchos test de resistencia de este pacto, muy ligado a la convivencia de un gobierno con voluntad de cooperación, pero de índole dual, con un presidente y un vicepresidente dispares, y concretado en una bicefalia nacida, si no desde el recelo, sí desde la prevención. Veremos si el volcánico Igea, indisimuladamente imprevisible, sigue haciendo sudar tinta a los artesanos del equilibrio interno en el seno naranja. Parece que Mañueco le ha cogido el 'punto', pero cuando ni los suyos saben por dónde va a salir mañana...

 

Cs está en posición de hacer pagar con extrema severidad cada afrenta al pacto. Como  ha dicho Moreno, el cariño hace el roce incluso entre dispares y que un "matrimonio de conveniencia" como el de la Junta puede acabar en amor...

 

Eso nos lleva al riesgo potencial de la moción de censura. Cs está en posición de hacer pagar con extrema severidad cada afrenta al pacto. Como ha dicho Moreno, presidente de Andalucía con un pacto PP/Cs, el cariño hace el roce incluso entre dispares y que un "matrimonio de conveniencia" como el de la Junta puede acabar en amor... Lo que no dice es que el enamoramiento político no dura para siempre. No hace falta que a Mañueco e Igea se les rompa el amor por la fricción del día a día, porque puede ocurrir por otros múltiples motivos: por el panorama político nacional, por una futura estrategia electoral (no sería el primer gobierno bipartito que se rompe un año antes de elecciones), por incumplimientos, por tensiones en el equipo, por crisis de gobierno... son muchas las posibles sombras.

 

El primer gran reto de Mañueco será conservar la estabilidad característica de Castilla y León, como punto de partida a la hora de construir un gobierno con su propio carácter, en el que tendrá que dar cabida al de sus compañeros de viaje. Veremos qué rumbo toma esta nueva era.