Los Reyes Magos salmantinos: "La educación en Madagascar ayuda a no caer en la delincuencia ni la prostitución"

Niños en Madagascar (Foto: Sara Olleros)

Sara y Manu son dos primos salmantinos, que a través de experiencias y conociendo realidades ajenas quieren aportar su pequeño grano de arena en Madagascar, consiguiendo becas educativas para los más pequeños: "Con cuatro euros allí un niño va a la escuela y aquí te compras una bolsa de patatas"

La Navidad es momento de familia, de amigos y reencuentros, pero también de deseos y sueños por cumplir. En una sociedad en la que muchas veces se valora más lo material, que el simple hecho de tener agua corriente, calefacción, algo que comer el día de Nochebuena o incluso una buena educación, pedir está muy bien, pero agradecer lo que tenemos nunca está de más.

 

Mirando, observando y a veces sin ir muy lejos, podemos encontrar personas que además de valorar lo que tienen, tratan de hacer la vida del resto un poco mejor. Manu y Sara, dos jóvenes y primos salmantinos, vieron como su vida cambió un mes de verano y ahora recaudan fondos para escolarizar a niños en Madagascar. 

 

Su historia comenzó en el verano de 2018 cuando, juntos, viajaron al país africano, concretamente a un pueblo costero situado al sur: Mangily. Allí observaron como muchos niños no iban al colegio. "Preguntando, supimos que algunos no iban a la escuela por falta de medios de los padres, pero también porque la escuela pública sufría un cierto abandono debido a las constantes huelgas de profesores y al incumplimiento de horarios", afirman. 

 

¿Existe falta de educación solo por escasez de recursos o además por razones culturales? "Ambas cosas. En muchos casos es por razones de cultura ya que al final la educación influye en el valor que le das a la misma. Por ejemplo, la malnutrición tiene su raíz en el desconocimiento de esta, en la falta de educación. Muchas veces no le dan importacia a cosas básicas, porque nunca se les ha enseñado", cuenta Sara. 


Ante esta situación sintieron la necesidad de hacer algo al respecto y comenzaron a pensar en fórmulas para inscribir a varios niños a modo de becas escolares, por lo cual surgió este proyecto. El año pasado consiguieron recaudar "3.000 euros con ayuda de familia y amigos para la escolarización de 60 niños". 


"La impresión más personal que sacamos fue darnos cuenta de que lo que diferenciaba a las personas era la educación que tenían, más allá de lo material, porque el pueblo era extremadamente sencillo en ese sentido. Viven en cabañas y en ese aspecto, existe mucha homogeneidad. La diferencia está en las cabezas, en aquellas que tienen educación. El hecho de ver por ejempo, niños con 12 o 13 años que no sabían escribir y que se sentían avergonzados por ello fue lo que más nos tocó", resalta Sara. 


Ser testigos de lo que los más pequeños habían aprendido y su mejoría en cuestiones de escritura, lectura, matemáticas y francés es lo que les ha animado a seguir recabando fondos para apoyar a la educación en Madagascar y afrontar la continuidad del proyecto durante otro año más que está a punto de comenzar. 

 


"Este último verano volvimos, tras todo un año de seguimiento. Queríamos ver los resultados con nuestros propios ojos. Muchos de ellos, por no decir la mayoría, habían mejorado. Si con las pocas aportaciones del año pasado habíamos conseguido algo, teníamos que seguir. Hay crecimiento y queremos que la gente sea partícipe de este", asegura el pequeño de los primos, Manuel. 

 

"Cuando nos decían mismamente la tabla de multipliar y veías su ilusión a la hora de aprender era una sensación increíble. Había niñas que llegaban corriendo hacia nosotros y es algo que tengo que recalcar. La educación en Madagascar ayuda a no caer en la delincuencia a las chicos y en la prostitución a las chicas. Hay mucho turismo sexual. Van a un hotel, el gerente del mismo busca a una familia pobre y preparan a la chica, por lo general joven, psicológicamente. Pasan la noche juntos a cambio de dinero", continúa Sara. 

 

"Cuando conoces realidades distintas, te enriqueces personalmente"


Él es documentalista y ella complementa sus pasiones entre la fotografía y la música, pero algo les tocó por dentro para dar la vuelta al mundo. ¿Esta experiencia cambió vuestras vidas o vuestra forma de ver la vida? "Aunque suene a tópico gracias a esto empiezas a valorar las cosas de otra manera, relativizas. Mismamente cuando tienes un examen, te quejas, pero te das cuenta de que tienes suerte de recibir una educación. A nivel interno te ayuda a crecer en la vida", afirma Sara.

 

"La verdad es que si te poner a comparar...es un contraste muy grande. Son dos mundos diferentes, con cuatro euros allí un niño va  a la escuela y aquí te compras una bolsa de patatas. Madagascar desde donde lo vemos, suena muy paradisiaco, pero la realidad no es así y cuando conoces realidades distintas, te enriqueces personalmente", completa su primo. 

 

Hablamos de la educación de un país como Madagascar, en desarrollo, pero ¿qué tiene que cambiar en nuestra educación para que exista una mayor concienciación y conocimiento de realidades diferentes a las nuestras? "Es complicado, pero con poco se hace mucho. Lo difícil es hacer llegar a la gente la realidad de la situación. Pero hasta que no lo ves...Nosotros intentamos hacerlo lo más humano y cercano posible, pero no es fácil", piensa Manu. 

 

Por su parte, Sara recalca la idea de su primo, "siempre dicen que una imagen vale más que mil palabras y yo digo que una experiencia vale más que mil imágenes, por mucho que hayas leído y visto sobre un tema, hasta que no lo tienes delante y conoces a las personas por su nombre y apellidos, no empatizas con esa realidad. Además, creo que no tenemos que centrarnos en lo que nosotros podemos aportarles a ellos, sino en lo que ellos nos pueden aportar a nosotros a nivel de mundo, de sencillez, comunidad e inocencia. Cuando llegas a un país así, en el que tienen poco, te ofrecen todo". 

 

A pocos días para que lleguen los Reyes Magos, ¿qué les pediríais? "Con llegar a la cantidad esperada me conformo. Que nuestro proyecto pueda seguir adelante", eso es lo que les pido dice Manu.

 

De la misma forma, Sara tiene un deseo que llega hasta Madagascar: "Yo les pediría que tuviera un sentido todo lo que estamos haciendo. Nosotros también tenemos dudas, al final no somos profesionales, podemos poner un pequeño parche pero no solucionamos el problema". 

 

Sin embargo, pese a no ser profesionales ni formar parte de una gran organización, tienen algo imprescindible para que su proyecto continúe vigente: ilusión, dedicación y creencia. Creen en lo que defienden y hacen que el resto también lo haga. ¿La forma? aquí.