Los dolores musculares y los problemas de la piel, ¿les prestas suficiente atención?

Reparar en la salud es la mejor garantía para conseguir una vida duradera y sin problemas. Pero a menudo dejamos pasar algunos problemillas sin prestarles la suficiente atención.

A la poco adecuada práctica de automedicarse debemos sumar esa idea generalizada de despreocuparse por algunos problemas de salud, pensando que no son graves o que en pocos días decaerán los síntomas. No se trata de colapsar los centros de salud cuando ocurre el más mínimo síntoma de que algo no funciona en el organismo, sino de usar los sistemas de salud con prudencia y teniendo en cuenta que la salud es el bien más preciado que tenemos.

 

Comentábamos que la automedicación es un hábito muy común en muchos ciudadanos, de hecho, el 72% de la población, cuando sufre dolor de cabeza o espalda, o cuando le aparece la fiebre o el dolor de estómago, acude antes al botiquín que al médico de cabecera.
Esto, que no siempre se convierte en un problema cuando se trata de medicamentos sin receta usados con cierta cautela, se complica cuando a lo que se acude es a medicamentos que sí han de ser prescritos por un médico y especialmente si se trata de antibióticos.

 

Otro gran problema de salud generalizada es esa constante de muchos ciudadanos de no prestar la suficiente atención a sus dolencias, y son dos áreas las que tienen especial interés: los dolores musculares y los problemas de la piel.

 

Los espasmos musculares

 

Los calambres musculares suelen ser inofensivos en un principio, de ahí que no siempre se le preste suficiente atención. El problema radica cuando este padecimiento se agrava. Los calabres son contracturas musculares que no presentan síntomas muy graves, si bien en algunos casos pueden ser el síntoma de una dolencia mucho más preocupante.

 

En ocasiones, un estado bajo de las defensas, ocasionado por cualquier enfermedad, puede tener como consencuencia dolores, calambres y espasmos musculares. 

 

Entre estas dolencias: las afecciones arteriales, renales o problemas en el tiroides pueden presentarse como signos de esos calambres. Por espasmo muscular se entiende cualquier contracción de forma involuntaria de uno o un grupo de músuclos que provoca incomodidad, hinchazón, dolor y rigidez en la zona.

 

Un buen método para reducir los espasmos musculares es el uso del medicamento Spasmoctyl, pero debemos decir que para hacer uso de este fármaco hay que conseguir receta médica. En la web Guiame.Online nos explican claramente cuáles son los usos del Spasmoctyl. En la web también podemos encontrar el prospecto del Spasmoctyl.

 

El Síndrome de Tietze, un gran desconocido

 

También denominado como costocondritis y muy relacionado con los dolores musculares está el Síndrome de Tiezte. Es un gran desconocido poeque para la medicina sigue siendo un problema de origen desconocido.

 

Esta dolencia consiste en la inflamación del tejido cartilaginoso que une la costilla con el esternón. La particularidad de esta enfermedad es que produce dolores torácicos por la mañana y va mejorando a lo largo del día con el movimiento y los ejercicios, es decir, con la actividad. Aunque no es un proceso muy duradero, pues a lo sumo puede tener una duración variable entre 4 y 6 meses, también puede remitir de manera casi instantánea.

 

Por norma general, suele afectar a la población adulta, jóvenes entre los 20 y los 40 años con una proporción ligeramente en hombres rente a mujeres. En cualquier caso, existen enfermos que padecen esta dolencia con edades comprendidas entre los 11 y los 80 años.

 

La medicina convencional trata el Síndrome de Tietze desde el punto de vista sintomático, lo que se traduce en la prescripción de medicamentos antiinflamatorios, relajantes musculares, infiltraciones de cortisona. El Síndrome de Tietze puede provocar una dura rigidez en las vértebras dorsales. A menudo, a Tietze, el síndrome, se le conoce también como un falso infarto, por tener síntomas parecidos ambas dolencias en su inicio.

 

Los problemas en la piel

 

La piel, la dermis, es el órgano de mayor exensión del organismo. Para calmar posibles sustos, es importante dejar claro que con prevención y tratamientos prematuros, los síntomas de las afecciones en la piel pueden mejorar notablemente.

 

Muchas enfermedades o condiciones en la piel tienen su origen en una mala alimentación, otras son causa de los condicionantes genéticos y otras guardan relación con la exposición a factores externos. Pero sin duda, la causa más común es la que tiene que ver con los malos hábitos de salud.

 

Una de esas dolencias causadas en mayor grado por los condicionantes genéticos es la Piel atópica. Resulta relevante esta patología porque también puede estar agavada por factores como las alergias ambientales y alimenticias e incluso por el contacto con determinadas prendas de ropa. Las pieles atópicas se caracterizan por sequedad en la pie, descamación, irritación y dolores. Los cuidados de la piel atópica van desde medicamentos hasta remedios caseros como el aloe vera o infusiones con tomillo.

 

En el otro extremo tenemos los Granos labiales. Con esta patología ocurre justo lo contrario, es una dolencia a la que sí se le presta la atención debida, pero esto ocurre porque los granos en los labios son muy visibles, y a todos nos gusta lucir nuestro rosto sin imperfecciones. Los granitos labiales, por norma general, no suelen ser muy peligrosos, si bien, nunca está de más acudir a un especialista médico si la situación se complica.

 

Por fortuna, para las afecciones en la piel que pueden resultar más graves para la salud, existe cada vez mayor concienciación. Un ejemplo es el del cáncer de piel. Esta patología se manifiesta cuando las células cancerígenas se multiplican en poco tiempo y los invaden. El cáncer comienza en la epidermis, la capa superior de la piel.

 

El principal factor de riesgo del cáncer son los rayos ultravioleta procedentes de la luz solar. El mejor modo para prevenir esta enfermedad es usar crema hidratante con protección solar durante todo el año, especialmente en verano, y en las zonas del cuerpo más expuestas al sol: la cara, el cuello, las manos y los brazos.