La Lucha Leonesa es declarada como Bien de Interés Cultural

El Boletín Oficial de Castilla y León (Bocyl) publica este lunes, 3 de julio, el acuerdo por la que se declara el aluche o Lucha Leonesa Bien de Interés Cultural con carácter inmaterial.

El Boletín Oficial de Castilla y León (Bocyl) publica este lunes el acuerdo por la que se declara el aluche o Lucha Leonesa Bien de Interés Cultural con carácter inmaterial.

 

En la exposición de este acuerdo se recoge que la Lucha Leonesa es un deporte autóctono tradicional, legado de una costumbre y tradición transmitida de forma oral de generación en generación mantenida a través de los siglos hasta nuestros días, que se ha ido adaptando a las formas y convenciones del deporte moderno "sin perder su propia esencia".

 

Además, se ha convertido en una práctica federada con competiciones regulares, que forma parte de la herencia histórico-cultural de la Comunidad de Castilla y León.

 

La Dirección General de Patrimonio Cultural, por Resolución de 25 de agosto de 2016, acordó incoar procedimiento de declaración de la Lucha Leonesa, como Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial.

 

La Consejera de Cultura y Turismo ha propuesto declarar la Lucha Leonesa, como Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial y, a tal efecto, se ha hecho constar que se han cumplimentado los trámites preceptivos en la incoación e instrucción del expediente, acompañando un extracto de éste en el que constan los datos necesarios para la declaración y los documentos gráficos correspondientes.

 

La práctica tradicional del aluche se extendió siguiendo rutas de la Trashumancia y se conservó fundamentalmente en la zona nororiental de la provincia leonesa, y se actualizó a partir de los años veinte del pasado siglo con su traslado a la capital. Los corros de aluches se celebran principalmente en localidades que han quedado integradas en dos zonas, la Montaña y la Ribera, ámbitos divididos por la línea de ferrocarril León-Bilbao.

 

Tradicionalmente los corros se formaban en las fiestas estivales pero en realidad nunca existió una vinculación clara con los ciclos anual o festivo. En la actualidad existe un calendario de competiciones que incluye incluso una liga de invierno.

 

Este tipo de actividades luctatorias son comunes a todas las culturas de la humanidad y tienen un origen remoto, con fines de entretenimiento y relacionados con la propia subsistencia.

 

Tradicionalmente la lucha era la actividad festiva indispensable en todos los festejos y romerías; si no había luches no había fiesta. Es un juego tradicional heredado de la antigüedad, para algunos herencia de la romanización y para otros con un origen celta.

 

Comenzaba al grito de: "¿hay quien luche o me calzo?", fórmula que pervive en el tradicional corro que enfrenta a dos comarcas divididas por el Hullero del Norte, Montaña contra Ribera.

 

Tradicionalmente los aluches funcionaban al margen de normas y reglamentos, respetando siempre las antiguas tradiciones y costumbres de los antepasados transmitidas exclusivamente de forma oral. Al no existir normativa escrita, se desarrollaron numerosas variantes con características propias, que han ido desapareciendo en la medida en que se ha ido imponiendo la lucha reglamentada.

 

En 1920, con motivo del IX Centenario del Fuero de León, se redactó lo que para algunos fue el primer reglamento, aunque en realidad solo contiene una breve y escueta descripción de las normas; en un segundo intento en 1929, Olegario Llamazares redacta la Bases de los Aluches.

 

Pero en realidad no es hasta 1933 cuando se redacta lo que podemos denominar el primer reglamento de la lucha, en el que se unificaron las distintas variantes existentes hasta el momento, se unificó el atuendo, se impuso el agarre al cinto y se describieron de forma concreta y pormenorizada las caídas y demás normas a seguir.

 

En la actualidad, la lucha es deporte federado, con clubes para su práctica, escuelas para su enseñanza y sigue una normativa reglamentaria, desarrollándose sus encuentros más seguidos por la afición entre junio y octubre, la Liga de Verano o Trofeo de la Regularidad, que congrega en muchos casos hasta 2.500 personas en poblaciones de menos de 250 habitantes, que multiplican hasta un diez por ciento su población en estas ocasiones.

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