El secreto del temple

Fotos: Gabinete de comunicación de Toros Valladolid

Manzanares abre, una vez más, la Puerta Grande de Valladolid por sendas faenas elegantes y templadas. Morante solo se embraguetó en su segundo y paseó un trofeo. Talavante se fue de vacío.

Plaza de Toros de Valladolid. Casi lleno en los tendidos. Tarde fría y despacible en el festejo en honor a San Pedro Regalado.Se lidió un encierro de Núñez del Cuvillo, enclasados y nobles. 

 

Morante de la Puebla. Silencio y oreja tras aviso.

José María Manzanares. Oreja y oreja.

Alejandro Talavante. Ovación y silencio.

El temple en la vida es una receta que casi siempre da buenos réditos. En el toreo, el temple lo es todo. O casi. Porque parar y mandar es una cosa; pero templar es otra historia.

 

Si no que se lo digan a las casi 10.000 almas que llenaron el coso de Zorrilla en la fiesta del patrón de Valladolid y los toreros. El temple sobrevoló desde el inicio de un festejo que levantó la expectación de muchos. En los tendidos se camuflaban caras tan conocidas como la de Froilán, José Tomás, Cayetano de Irujo o la hija del Cordobés, entre otras.

 

Temple en el paseíllo, temple para no ensañarse con ese antitaurino que saltó al ruedo para llamar asesinos a los que practican el arte de Cúchares. De la escuela de Peter Jenssen, al mamarracho que saltó a la arena cuando Morante acabó de pasaportar al que abría plaza le sale rentable su protesta. Primado con 6.000 euros por el lobby antitaurino, el animalismo es más fácil de defender con la cartera llena. A pesar de algún guantazo que se llevó el activista, mucho temple fue el que demostraron los taurinos. Sería bueno ver la reacción contraria. Se me ocurre infiltrar a un defensor de la Fiesta a pecho descubierto en una protesta antitaurina con más de 10.000 personas. Seguro estoy de que le lloverían de todos los colores.

 

Pero a lo que vamos, porque este indocumentado no se merece mayor publicidad que ya se lo ha llevado calentito, me refiero a los euros.

 

Hablábamos del temple. Secreto innato para someter a una fiera (en este caso, las que saltaron en la tarde de domingo, un poco chicas) con un trocito de tela roja. Manzanares dio una lección de lo que es esta receta mágica que brota de lo más profundo de su ser y que se vacía en el engaño a través de unas muñecas prodigiosas. El temple es capaz de tapar los defectos del astado y potenciar ss¡us virtudes. A Manzanares se le puede anotar en su debe que no se ciñe a los toros como sí lo hace Morante, pero lo que nadie podrá negar es el temple, la elegancia y el empaque del alicantino que con dos faenas, marca de la casa, logró descerrejar la Puerta Grande del Coso de Zorrilla, por enésima vez.

 

Muletazos largos, profundos, lentos, bellos y sentidos en sendas faenas que tuvieron la virtud del temple. El de Alicante tiene una flor en los sorteos y ayer se llevó los dos mejores de un enclasado y noble encierro de Cuvillo. Templanza tuvo también el señor presidente para no conceder el segundo trofeo del quinto de la tarde después de un feo metisaca que emborronó un trastero macizo y artístico. Acertó el palco. 

 

 

Morante regresaba a Valladolid tras su fugaz ausencia. En agosto y en el Puerto de Santa María dijo adiós, aburrido del toro grande, se excusó. Tan solo nueve meses después, el de la Puebla ha vuelto a vestirse de luces. Si el sábado en su estreno en Jerez se fue de vacío, el genio sevillano en Valladolid dio una de cal y una de arena.

 

Con su primero no acabó de acoplarse, el viento tampoco ayudó. En el que hacía cuarto tardó Morante en cambiar los terrenos. A tablas se fue el de la Puebla para evitar las molestias del dios Eolo y allí surgió la chispa. Se embraguetó el diestro y surgieron los derechazos rotundos y la plaza volvió a rugir como sólo lo hace con el sevillano. Muletazos de muchos quilates y remates amorantados. Belleza sin artificios. La espada fue buena y José Antonio, generoso con el astado que murió como un bravo. Cuando dio la vuelta al ruedo paseando un trofeo, entre las abundantes patillas bandoleras que le confieren una imagen de torero antiguo se intuía una sonrisa. Morante está de vuelta.

 

Y si Manzanares puso el temple; Morante, la raza… Talavante fue la improvisación. Al menos en su primero. Estuvo variado, torero, inspirado con la tela. No así con el acero que le privó de todo triunfo. En el sexto, que se dañó tras una fea voltereta, bastante tuvo el pacense con mantenerlo de pie durante escasos minutos.

 

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: