¿Qué hay de mi vacuna?
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Pedro Santa Brígida
Periodista

¿Qué hay de mi vacuna?

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El blog del periodista Pedro Santa Brígida en Tribuna.

Estamos hartos del coronavirus. Pocas veces hemos estado todos tan de acuerdo en la historia reciente de la humanidad. El cansancio de tantos meses se acumula, los profesionales de la salud están saturados y gran parte de la economía temblando. La única evidencia científica para finiquitar esta situción es la dichosa vacuna, sólo ella es eficaz para derrotar al Covid y sus nefastas consecuencias sanitarias y económicas.

 

Llegados a este punto de la pandemia, no queda otra que esperar a que la mayoría de la población esté inoculada para alcanzar eso que llaman los expertos la inmunidad de rebaño. El presidente Pedro Sánchez, fiel a su ideario de marketing político, anunció esta semana que en el próximo mes de julio estará vacunada la mitad de la población y al final del verano el 70%. Amén.

 

Mi fe en la gestión política del coronavirus se agotó hace más de un año, cuando Fernando Simón dijo que en España tan sólo habría algunos casos aislados... Ahora, con el Fondo Monetario Internacional diciendo que España será el último país de la Unión Europea en salir de la crisis económica provocada por la pandemia y comprobando a diario que vivo en un Estado dividido en 17 Reinos de Taifas, mi creencia es aún menor.

 

La envidia siempre ha sido uno de los mayores defectos del pueblo español. En los últimos tiempos se visualiza a la perfección este dicho popular al comprobar cómo distintos colectivos profesionales piden ser vacunados antes de lo estipulado o cómo unas comunidades autónomas miran a otras para comparar las restricciones, los niveles de vacunación o los negativos índices de contagios -y, peor aún, se acusan mutuamente por ello-, por no recordar la penosa cantidad de jetas que se han saltado by the face las listas de vacunación (políticos, sindicalistas, jefes militares, obispos, infantas, directivos sanitarios y tantos otros que no conocemos).

 

La última boutade hay que anotarla en el debe del hermanísimo Carlos Bardem, que ha reclamado con ironía para actores y actrices la vacuna porque "la Cultura nunca es importante". Las críticas de algunos líderes autonómicos -también de nombrados periodistas- a Isabel Díaz Ayuso o Ximo Puig por negociar la compra de dosis de Sputnik con el fin de adelantar la vacunación en sus territorios es otro ejemplo palmario de esos celos, de esa pelusa tan arraigada en la identidad patria, aunque en el caso de la primera es, además, porque están próximas las elecciones en Madrid.

 

En las redes sociales se plantean estos días algunos usuarios preguntas como ¿por qué en Soria han vacunado a mi primo de 63 años y a mí, que vivo en Tarragona y tengo 66 años, aún ni me han llamado?, ¿por qué en León se han realizado test masivos a la población y en Pamplona no? o ¿por qué los mayores dependientes que viven con sus familias están vacunados en unas comunidades sí y en otras no? Supongo que este tipo de cuestiones se deberían abordar en el Consejo Interterritorial de Salud, digo yo.

 

Hemos visto incluso discutir y reclamar cuáles deberían ser los colectivos de riesgo a los que había que vacunar primero, después de los sanitarios claro. Sin embargo, como suele ser habitual, la mayor parte de la población ha sabido estar a la altura de las circunstancias, esperando educadamente la vez con paciencia, a veces con resignación, y sin dar el cante. 

 

Quienes no se quieren vacunar o prefieren retrasarlo lo máximo posible, que son unos cuantos, no padecen esta ansiedad por recibir la dosis correspondiente. Los problemas detectados con la vacuna de AstraZeneca han sumado adeptos a esta tendencia anti pinchazo, pese a que la ciencia nos indica que es necesario que nos vacunemos todos cuanto antes, que el beneficio es enorme y el riesgo mínimo.

 

Quien más, quien menos está pendiente de cuándo le tocará recibir el pinchazo de turno, salvo los jóvenes, que saben que serán los últimos, quizá a finales de año o principios del próximo. En total, en España ya se han vacunado más de ocho millones de personas. Castilla y León (22,24%), Asturias, Extremadura, La Rioja y Cantabria, por este orden, son las que más han vacunado por cada 100 habitantes, mientras que las que menos son Valencia, Canarias, Ceuta, Baleares y Melilla (12,33%).

 

El hartazgo con el coronavirus se mantendrá, al menos, un año más, es el camino que queda por recorrer para alcanzar la llamada 'nueva normalidad'. Hasta entonces salud, prevención y paciencia. Como dice un proverbio persa: "La paciencia es un árbol de raiz amarga pero de frutos muy dulces".

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