Asuntos más agradables

En espera de lo que resulte de las negociaciones, acuerdos, cambalaches y algún que otro pacto maquiavélico, destinados a la formación del nuevo gobierno, vamos a dedicar el espacio a asuntos más agradables.


Hace un año se hundió una fragata noruega, construida por Navantia, como resultado del choque contra un petrolero y, como suele suceder en estos casos, automáticamente se culpó al constructor del desastre, algo más que frecuente, no sé si más frecuente todavía si los paganos son españoles, recordemos los casos del canal de Panamá y el AVE a la Meca.

 

Según nos contaron, en el primero porque las tierras próximas no servían para hacer el hormigón y en el segundo porque no se había tenido en cuenta que la arena del desierto cubre las vías y se come los trenes, con el consiguiente aumento de coste para solucionarlo, atribuible a la ingeniería española por no haber realizado correctamente los estudios previos correspondientes. También puede ser porque se acude temerariamente a los concursos con tal de resultar adjudicatarios y porque, como normalmente exigen el aval del estado, al final pagamos entre todos la pifia, con tal de defender la marca España y que alguna empresa no quiebre.


Ahora no ha sido el caso, se ha exculpado a Navantia, que además es empresa pública. Sea porque el asunto está tan claro que es imposible hacer colar la reclamación, o sea porque los noruegos son gente honrada, en este caso el resultado de sus investigaciones ha dado la razón al informe que en su día emitió la Armada Española, atribuyendo el accidente a errores humanos. Reflejaba el informe que la tripulación de la fragata y los encargados del tráfico habían cometido todos los errores posibles, provocando el desastre, es de suponer que a la capitana de la fragata la habrán prohibido hasta el manejo de motos de agua.

 


¿Y porqué se culpaba a Navantia cuando ellos no manejaban el barco ni controlaban el tráfico?, por tanto no tenían ninguna responsabilidad en el desarrollo de la maniobra, pues porque las normas obligan a que los barcos estén construidos de tal forma que aguanten hasta cierto nivel de daños sin hundirse, pero, parece ser que en este caso el porrazo fue de tal magnitud que solo un barco construido a prueba de marineros de agua dulce hubiera sido capaz de aguantarlo y un barco así necesitaría un casco de medio metro de espesor y ponerle ruedas, solo serviría para navegar en aguas de fondo plano y cuya profundidad no superara su calado y claro, así, en el caso de resultar factible su construcción, resultaría carísimo y tendría muy poca utilidad, eso sí, también podría circular por autopista. Algunos riesgos hay que correr.

 


Considero muy buena noticia que se exculpe a Navantia, me alegra comprobar que ingenieros españoles y empresas españolas, además públicas, sean capaces de llevar bien alto por el mundo nuestro pabellón. Está muy bien que la selección nacional de futbol gane el mundial, pero mejor está que españoles construyan los mejores barcos, los mejores puentes y las mejores presas, que un compatriota descubra la cura de una enfermedad o reciba un Nobel.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: